EL NIETZSCHE DE DELEUZE
¨Si tu ne saisis pas le petit point de
démence de quelqu´un, tu ne peux pas l´aimer…¨.
G. Deleuze
De los
filósofos que influyen en el pensamiento de Deleuze, de lejos el que mayor
incide en él, Nietzsche. Creo que su influencia supera la de Bergson y Spinoza.
Pero dicha influencia es difícil de caracterizar, decir que se trata de
influencia es por de pronto caer posiblemente en una vaguedad.
Podríamos decir
que Nietzsche se hace Deleuze y Deleuze se hace Nietzsche. Dicho de otra manera,
Deleuze se hace Deleuze haciendo suyo a Nietzsche, hace su Nietzsche para
hacerse a sí mismo. No hay desde luego, una identificación, una imitación o una
subyugación. Es tomando el lenguaje de Deleuze de la siguiente manera: Deleuze
deviene Deleuze elaborando su Nietzsche y éste deviene en un Nietzsche
deleuziano. Dirá Mengue Philippe: ¨Deleuze no deviene nietzscheano sin que
Nietzsche no devenga deleuziano¨. Hay una transformación mutua, la lectura de
Nietzsche por parte de Deleuze abre una línea de fuga: la filosofía deleuziana.
Deleuze lee a Nietzsche para re-crearlo, no encontramos a Nietzsche sino un Nietzsche
deleuziano. Deleuze ha propuesto una manera particular de leer a los filósofos:
¨La historia de la filosofía no debe decir lo que ya dijo un filósofo, sino
aquello que está necesariamente sobrentendido en su filosofía, lo que no decía
y que, sin embargo, está presente en lo que decía¨. (DELEUZE, 1995, Pp. 216)
Deleuze desconfía de la historia de la filosofía, en la cual ve un verdadero
¨Edipo filosófico¨. Propone no leer a los filósofos, ni filológicamente, ni
historiográficamente, ni hermeneúticamente, ni desconstructivamente, ni
repetitivamente. Deleuze propone leer a los filósofos de manera nietzscheana:
volverlo inactual, intempestivo, en lucha contra el tiempo del lector, en
hacerlo un arma de lucha contra el presente. La lectura deleuziana de Nietzsche
lo hace inactual, no la filosofía de Nietzsche, sino el Nietzsche de Deleuze. Deleuze
señalará que la inactualidad de su Nietzsche es la invención de una filosofía
de lo múltiple, una philosophie de la
différence, de las diferencias.
Nietzsche el pensador de lo múltiple, de lo plural. Nietzsche ha aportado a la
filosofía de lo múltiple, una ruptura creadora con el pensamiento dialéctico
que funciona gracias a lo negativo, proponiendo un pensamiento de la inmanencia
y de las fuerzas creadoras. Deleuze polariza, acentúa, reorienta todo el
sistema nietzscheano –porque para Deleuze en Nietzsche hay un riguroso sistema
conceptual- sobre el eje de la afirmación y de la distinción entre fuerzas
activas y reactivas. Podrían encontrarse los lectores del Nietzsche deleuziano
ante una encrucijada: se ha planteado por la mayoría de los comentaristas que
Nietzsche es el destructor de los valores occidentales, el que enseña y propone
una filosofía a martillazos, el que destruye ídolos; que hay en él una
filosofía de la negación de lo que hasta ahora de ha creído, cosa que es
verdad; pero por el lado del análisis deleuziano nos habla de un Nietzsche de
la afirmación, del pensamiento afirmativo; estamos ante la paradoja.
La tesis
deleuziana es que la obra de Nietzsche es una filosofía de la afirmación y una
filosofía radicalmente antidialéctica. ¨El conjunto de la filosofía de
Nietzsche aparece abstracta y poco comprensible si no se descubre en ella
contra quien va dirigida. Y la pregunta, ¿contra quién? Induce a muchas
respuestas Pero una de ellas, particularmente importante, es que el superhombre
va dirigido contra la concepción dialéctica del hombre, y el cambio de valor
contra la dialéctica de la apropiación o de la supresión de la alienación. El antihegelianismo atraviesa
la obra de Nietzsche, como el hilo de la agresividad¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 17)
Es
antidialéctica, - Dice Deleuze: ¨… debemos tomar en serio el carácter
resueltamente antidialéctico de la filosofía de Nietzsche¨.- la dialéctica se
define por tres ideas, la contradicción, la tristeza y la positivitad de lo
negativo. ¨En Nietzsche la relación esencial de una fuerza con otra no se
concibe como un elemento negativo en la esencia. En su relación con la otra, la
fuerza que se hace obedecer no niega la otra o lo que no es, afirma su propia
diferencia y goza de esta diferencia¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 17) El Nietzsche
deleuziano opone el elemento práctico de la diferencia: objeto de afirmación y
de placer. Lo que quiere la voluntad es una voluntad de afirmar su diferencia.
Frente al trabajo de lo negativo Nietzsche opone el placer y la alegría. La
afirmación diferencial contra la negación dialéctica. No hay una oposición, no
hay una contradicción dialéctica en el pensamiento afirmativo, lo que hay es
que algo difiere de algo, filosofía de la diferencia.
La filosofía de
la diferencia es una filosofía pluralista y atea: ¨La filosofía de Nietzsche no
se comprende mientras no se tenga en cuenta su esencial pluralismo. Y a decir
verdad, el pluralismo (también llamado empirismo) y la propia filosofía son la
misma cosa. El pluralismo es el modo de pensar propiamente filosófico,
inventado por la filosofía: única garantía de la libertad en el espíritu
concreto, único principio de un violento ateísmo. Los Dioses están muertos;
pero se han muerto de risa al oír decir a un Dios que el era el único¨. (DELEUZE,
1971, Pp. 11) Hegel ridiculizó el pluralismo como conciencia ingenua, Nietzsche
nos muestra que no hay acontecimiento, ni fenómeno, ni palabra, ni pensamiento
cuyo sentido no sea múltiple. Es en su oposición a la dialéctica que la
filosofía de la afirmación se determina como necesariamente afirmativa y
pluralista.
La filosofía de
la diferencia es pluralista porque es un pensamiento de las fuerzas y sus
relaciones. ¨No hay ningún objeto (fenómeno) que no esté ya poseído, porque en
sí mismo es, no una apariencia, sino la aparición de una fuerza. Cualquier
fuerza se halla pues en una relación esencial con otra fuerza. El ser de la
fuerza es el plural; sería completamente absurdo pensar la fuerza en singular¨.
(DELEUZE, 1971, Pp. 14) El concepto de fuerza es para Nietzsche el de una
fuerza relacionada con otra fuerza, de esta forma la fuerza se llama voluntad.
La voluntad (voluntad de poder[*])
es el elemento diferencial de la fuerza, la voluntad no se ejerce de forma
misteriosa, sino que se ejerce sobre otra voluntad. La voluntad de poder es el
elemento genealógico de la fuerza, es diferencial y genético a la vez, la
voluntad de poder es la síntesis de las fuerzas. En este sentido el eterno
retorno es la síntesis cuyo principio es la voluntad de poder. La voluntad de
poder no puede ser atribuida, no podemos decir que la fuerza sea quien quiera, la voluntad de poder es quien quiere, -¨¿Quien entonces, quiere
el poder? Absurda pregunta, si el ser en sí mismo es voluntad de poder…¨*- no
puede ser relegada ni alienada en otro sujeto, ella es elemento del que se
desprenden a un tiempo la diferencia de cantidad de las fuerzas en relación, y
la cualidad que, en esta relación corresponde a cada fuerza.
No hay cantidad
de realidad, cualquier realidad ya es cantidad de fuerza, solo cantidad de
fuerzas en relación de tensión unas con otras, lo que define a un cuerpo es
esta relación entre fuerzas dominantes y fuerzas dominadas, un cuerpo es un
campo de fuerzas, un medio disputado por una pluralidad de fuerzas. Dos fuerzas
en la medida en que entran en relación constituyen un cuerpo, por eso el cuerpo
es siempre fruto del azar, el azar que es la relación de la fuerza con la
fuerza, es la esencia de la fuerza. Spinoza nos había llamado ya la atención
sobre ello, cuando dice: pero no sabemos de qué es capaz un cuerpo, ni cuáles
son sus fuerzas ni qué preparan.
En el cuerpo
las fuerzas dominantes se llaman activas, las fuerzas dominadas reactivas.
Activo y reactivo son las cualidades originales, que expresan la relación de la
fuerza con la fuerza. Tanto unas como otras son fuerzas, «ninguna fuerza
renuncia a su propio poder… obedecer y mandar son las dos formas de un torneo»,
afirma Nietzsche. La fuerza activa es una fuerza plástica, capaz de
transformarse, de inventar, de adquirir nuevas formas. Lo activo es tender al
poder, es apropiarse, apoderarse, dominar, es apropiarse, apoderarse, dominar.
Lo reactivo es una fuerza de conservación y regulación, de acoplamientos
mecánicos y utilitarios.
Todo es
relación en las fuerzas, y no hay más que relaciones en las fuerzas, no hay
fuerzas independientes y exteriores que entrarían en relaciones revestidas de
su cualidad y de su cantidad. Al contrario, no es más que en estas relaciones
que tal o cual fuerza se constituye con su grado de fuerza y su cualidad. No se
debe concebir que la ¨relación¨ en las fuerzas sea un espacio neutro
indiferenciado, reductible al azar del encuentro. La voluntad es requisito como
el principio de la síntesis de las fuerzas cuando ellas son puestas en relación
por el azar. Puestas dos fuerzas en relación por el azar, ellas por sí misma no
constituyen la relación, no podrían constituir un cuerpo, las fuerzas
permanecerían en estado de fuerzas virtuales, puras potencialidades en estado
de crecimiento y dispersión. La fuerza es lo que puede la voluntad es lo que
quiere en la fuerza, de ahí el término de Voluntad
de poder. La voluntad de poder es lo que mantiene en relación las fuerzas,
en esa relación ella produce y distribuye su diferencia de cantidad y su
diferencia de cualidad. La voluntad de poder es el principio último de la
filosofía nietzscheana. ¨La voluntad de poder es el elemento diferencial, el
elemento genealógico que determina la relación de la fuerza con la fuerza y que
produce la cualidad de la fuerza¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 90) La voluntad de poder
determina por un lado, la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de
vista de su producción; pero por otro lado, es determinada por las fuerzas en
relación desde su propia manifestación. La voluntad de poder es a un tiempo
cualificada y cualificante, determinada y determinante. Aquí podemos encontrar
la relación de Nietzsche con Spinoza, para éste cualquier cantidad de fuerza
corresponde un poder de ser afectada, un cuerpo posee más fuerza en tanto que pudiese
ser afectado de muchas maneras, este poder medía y expresa el poder del cuerpo.
Toda la
historia humana es conducida por una voluntad de negar, de negar la vida, a
ello Nietzsche lo llama nihilismo, el triunfo de las fuerzas reactivas. Lo que
nos debe llamar la atención, es ¿cómo entender que las fuerzas reactivas más
débiles y de menor fuerza (en cantidad) arrastren a las fuerzas activas, más
fuertes? Las fuerzas reactivas no triunfan formando una fuerza más grande que
las fuerzas activas, si ello fuera así devendrían en fuerzas activas, ellas no
dejan de ser reactivas incluso en su victoria. Si ellas triunfan no es por
debilidad de las fuerzas activas, ellas triunfan no por adición sino por
sustracción, ellas descomponen, separan la fuerza activa de lo que ella puede,
ellas sustraen de la fuerza activa una parte o casi todo su poder. El
resentimiento, la mala conciencia y el ideal ascético son las tres figuras del
triunfo de las fuerzas reactivas, y en cada caso, esta separación se basa en
una ficción, en una mixtificación o falsificación. Las fuerzas reactivas no
operan, ellas proyectan una ficción: remplazando los señores por los esclavos
estos dejarían de serlo. Nietzsche a través de Deleuze señala: ¨Una de las
expresiones más graves de la Voluntad de
poder es: «hay que defender siempre a los fuertes contra los débiles».
(DELEUZE, 1971, Pp. 85) No es a la manera de Sócrates: si los débiles
prevalecen es porque forman una fuerza más fuerte que la del fuerte, es a la
manera de Calicles: el esclavo no deja de ser esclavo porque triunfe; cuando
los débiles triunfan no es formando una fuerza mayor, sino separando la fuerza
de lo que ésta puede. Todo lo que separa una fuerza es reactivo, y toda fuerza
que va hasta el final de su poder es activa.
Pero es posible
que haya otro devenir que el devenir reactivo, es posible una alteración en las
relaciones entre negativo y reactivo –hay una afinidad entre la voluntad de
negar y lo reactivo en sí mismo- que permita la aparición de una voluntad
afirmativa, la posibilidad es el superhombre. El superhombre está fundado en otra
composición de fuerzas, en una alteración, para que las fuerzas activas
conduzcan a las reactivas. Si concebimos que hay una afinidad entre las fuerzas
reactivas y la voluntad de negar, la posibilidad de aparición de una voluntad
afirmativa abre el camino a la doctrina del superhombre, es decir la
transmutación como devenir activo de las fuerzas, triunfo de la afirmación
sobre la negación en la voluntad de poder. ¨En lugar de ¿quién es hombre? Esta
otra pregunta. ¿Quién supera al hombre? «Los más preocupados se preguntan hoy:
¿Cómo conservar al hombre? Pero Zarathustra pregunta lo que es el único y el primero
en preguntar: ¿cómo será superado el hombre? El superhombre me preocupa
enormemente, él es para mí el Único, y no el hombre: no el prójimo, no el más
miserable, no el más afligido, no el mejor». (DELEUZE, 1971, Pp. 229) Se trata
de ¨superar¨ el hombre pero no de rebasarle dialécticamente, puesto que superar
se opone a conservar, pero también a apropiar, reapropiar. El superhombre no es
un hombre que se sobrepasa y consigue
sobrepasarse. La diferencia entre el superhombre y el hombre superior es de
naturaleza, se distancia por su origen como por su fin que alcanzan. El
superhombre se define por una nueva manera de sentir, una nueva manera de
pensar, una nueva manera de valorar de otras relaciones de fuerza bajo el
despliegue de una voluntad afirmativa.
Para ello
Nietzsche lleva a cabo una crítica demoledora en su teoría del hombre superior,
(NIETZSCHE, 1984, IV Parte 216-267) -éste es la imagen en la que el hombre
reactivo se representa como superior, se deifica- a través de los personajes
que componen dicho hombre superior: El adivino
es adivino del gran cansancio, representante del nihilismo pasivo, profeta del
último hombre. El mago es la mala
conciencia, el monedero falso, el expiador del espíritu, el demonio de la
melancolía, que extiende la piedad a punta de fabricar sufrimiento. El hombre más horrible representa el
nihilismo reactivo, vuelve su resentimiento contra Dios, se coloca en el lugar
del Dios que ha matado. Él es quien ha matado a Dios, porque no soportaba su
piedad. Los dos reyes son las
costumbres, la moralidad de las costumbres, los dos extremos de esta moralidad
y de la cultura. El hombre de la
sanguijuela representa el producto de la cultura como ciencia, desea
apropiarse de la ciencia y la cultura. En esa búsqueda de la certeza, se da
cuenta que la ciencia no es ni siquiera el conocimiento objetivo de la
sanguijuela y de sus causas primeras, sino sólo un conocimiento del ¨cerebro¨ de
la sanguijuela, sólo ella hace una incisión en la vida, sólo ella es
conocimiento. El hombre de la sanguijuela quiere remplazar los valores divinos,
la religión incluso la moral, por el conocimiento. El último papa representa el producto de la cultura como religión.
Sirvió a Dios hasta el fin y sabe que Dios ha muerto, uno de sus ojos lo perdió
en esta tarea, con el otro siguió la historia del dios judío y cristiano y vio
la nada, todo el nihilismo negativo, y la sustitución de Dios por el hombre. No
tiene señor, pero no es libre, vive de recuerdos. El mendigo voluntario renuncia al conocimiento y busca la felicidad
en la tierra, que no se encuentra en el populacho sino en las vacas. Las vacas
saben rumiar, y rumiar es el producto de la cultura como cultura. Ha recorrido
toda la especie humana, desde los ricos hasta los pobres. Buscaba el reino de
los cielos, la felicidad en la tierra como recompensa a la actividad humana,
pero el reino de los cielos no se encuentra ni entre los pobres ni entre los
ricos: el populacho por todas partes, ¡«populacho arriba, populacho abajo»! La sombra es la propia actividad
genérica, la cultura y su movimiento. Intenta realizar el objetivo de la
cultura que en todas partes ha fallado, pues ese objetivo es una sombra. Ese
objetivo, el hombre superior, también ha fracasado. Es la sombra que acompaña a
Zarathustra pero que le abandona en las horas más importantes la Transmutación,
Mediodía y Medianoche. ¨Los dos reyes son los guardianes de la actividad
genérica, el hombre de la sanguijuela es el producto de esta actividad como
ciencia, el último Papa es el producto de esta actividad como religión, quiere
saber cuál es el producto adecuado de esta actividad; la sombra es esta misma
actividad en tanto que pierde su fin y busca su principio¨. (DELEUZE, 1971, Pp.
233)
La filosofía de
Nietzsche, filosofía de la afirmación afirmativa, es pues una genealogía,
introduce en la filosofía los conceptos de sentido y de valor. Genealogía
quiere decir a la vez valor del origen y origen de los valores, afirma Deleuze.
Esta filosofía del sentido y de los valores tiene que ser una crítica, una
filosofía a martillazos. La filosofía crítica se mueve por un lado, en referir
cualquier cosa, y cualquier origen de algo a los valores; por otro, referir
estos valores a algo que sea como su origen, y que decida su valor.
¨Nietzsche crea el nuevo concepto de
genealogía. El filósofo es una geneaólogo, no es un juez de tribunal a la
manera de kant, ni un mecánico al modo utilitarista. El filósofo es Hesíodo. Al
principio de la universalidad kantiana, así como al principio de la semejanza,
grato a los utilitaristas, Nietzsche opone el sentimiento de diferencia o de
distancia (elemento diferencial). «Es desde lo alto de este sentimiento de
distancia que nos concedemos el derecho de crear valores o determinarlos: ¿qué
importa su utilidad?Ȭ. (DELEUZE, 1971, Pp. 9)
La filosofía de
Nietzsche afirma el azar y la necesidad del azar, el devenir y el ser del
devenir, lo múltiple y lo uno de lo múltiple. La afirmación es la única
cualidad de la voluntad de poder, la acción como la única cualidad de la
fuerza, y el devenir activo como creación de poder y querer. Nietzsche propone
una nueva concepción del ser, la afirmación es ser. El ser no es el objeto ni
carga de la afirmación. La afirmación tiene por objeto a sí misma, ella es el
ser en tanto que es en sí misma su propio objeto. La afirmación como objeto de
la afirmación es el ser. La filosofía de la afirmación afirmativa, es una
afirmación del ser – El ser es una idea vacía, una abstracción, para Nietzsche-
del ser entendido como vida. El
objeto de la afirmación es la vida, puesto que es la vida la que se afirma.
Afirmar es crear, es desplegar las fuerzas de la vida. Vivir es evaluar,
determinar el valor afirmativo o negativo, activo o reactivo de un fenómeno.
La filosofía de
Nietzsche plantea tres funciones -para una ciencia activa con principios
activos- y sus respectivos personajes filosóficos: una sintomatología, como una interpretación de los fenómenos a partir
de las fuerzas que los producen, cuyo personaje es el filósofo médico. Una tipología, que interpreta las fuerzas desde el punto de vista de su
cualidad, activas o reactivas, su personaje es el filósofo artista. Una genealogía,
que evalúa o determina el rango de las fuerzas en la cualidad de la voluntad de
poder de la cual derivan, su personaje es el filósofo legislador. El filósofo en tanto que filósofo, es sintomatologista,
tipologista, genealogista. (DELEUZE, 1971, Pp. 108)
Referencias Bibliográficas
DELEUZE, G.
(1971), Nietzsche y la filosofía. Barcelona, Anagrama.
DELEUZE, G.
(1995), Conversaciones 1972-1990. Valencia, Pre-textos.
NIETZSCHE, F. (1981),
La voluntad de poderío. Madrid, EDAF.
NIETZSCHE, F. (1984),
Así hablaba Zarathustra. Bogotá, Oveja negra.
*¨Este concepto victorioso de la
fuerza, mediante el cual nuestros físicos han creado a Dios y al universo,
requiere un complemento; hay que atribuirle un poder interno que yo llamaré la
voluntad de poder¨ (NIETZSCHE, 1981, § 611, Pp. 343)
* La voluntad de poder no consiste
en: 1-No consiste en querer el poder –el poder es quien quiere en la voluntad y
no lo que la voluntad quiere-; 2-La voluntad de poder, no solamente no desea el
poder, sino que ella en sí misma no es ¨deseo¨, ella no aspira a algo que le
falte, ella produce, ella crea; 3-Ella no consiste en atribuir los valores
vigentes, puesto que ella crea nuevos. Dice Nietzsche: ¨es evidente que el
esclavo no deja de ser esclavo tomándose el poder¨.